Reseña crítica a propósito de

Iván y los perros



08.06.2017 | Miguel Gabaldón-(notodo.com)

La conjunción de los talentos del director de ese espléndido retrato generacional que era Nosotros no nos mataremos con pistolas y el intérprete de las esas joyas que son La piedra oscura o He nacido para verte sonreír se ha plasmado en un fascinante tour de force. La fría puesta en escena, con ese plástico que divide el escenario, perfectamente medida, nos guía a través de las palabras y los recuerdos de Iván.


O cómo ver la humanidad a través de los ojos de los perros

 

“Madres y padres eran incapaces de alimentar a sus hijos o a sus mascotas. Madres y padres intentaban cualquier cosa para conseguir dinero con el que comprar comida. Pero todo era inútil porque el dinero se había ido. Y las madres y los padres empezaron a buscar a su alrededor cosas de las que poder desprenderse. Cosas que comieran, que bebieran, cosas que necesitaran calor (….) Yo tenía entonces cuatro años. Cuatro. Así que no puedo recordar todo lo que sucedió porque era muy pequeño. Pero os voy a contar todo lo que pueda. Y os lo voy a contar como si fuera ahora. Y esto es ahora.”

 

Así comienza Iván y los perros. La historia real de Iván Mishukov, que tuvo que escapar de un padrastro que lo maltrataba y de su madre alcohólica, echándose a las calles del Moscú post-soviético poblado por infantes y canes abandonados en las calles de una ciudad deshumanizada, hambrienta y aterida. La británica Hattie Naylor tomó este hecho como punto de partida para escribir un monólogo sencillo pero lleno de una particular poética, al que ahora pone voz y cuerpo Nacho Sánchez dirigido por Víctor Sánchez Rodríguez en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español.

 

La conjunción de los talentos del director de ese espléndido retrato generacional que era Nosotros no nos mataremos con pistolas y el intérprete de las esas joyas que son La piedra oscura o He nacido para verte sonreír se ha plasmado en un fascinante tour de force. La fría puesta en escena, con ese plástico que divide el escenario, perfectamente medida, nos guía a través de las palabras y los recuerdos de Iván.

 

La iluminación y el diseño de sonido ayudan a crear una atmósfera onírica y estética, introduciéndonos en los recuerdos de este niño-adulto. Y Nacho Sánchez, con apenas 25 años, vuelve a demostrar su especialísimo talento y delicadeza interpretativa. Un auténtico recital lleno de energía, de movimientos perfectamente ejecutados (tal vez en este sentido a veces el espectador acaba por prestar demasiada atención a estas coreografías tan limpias, por poner un pero) pero sobre todo lleno de verdad y sensibilidad.

 

Iván ve en los ojos de los perros algo especial. Como si en los ojos de cada perro estuvieran todos los perros del mundo, reconociendo unos lazos que ya no encuentra en unos seres humanos deshumanizados. Nosotros tenemos suerte, porque podemos asomarnos a esos enormes ojos de Nacho Sánchez para avistar el alma animal de Iván. “Y esto es ahora”. No os lo perdáis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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